Afronta tus miedos…

“Vamos Jorge como no te portes bien, esta señora te va a meter en un cuarto oscuro”; “¿Verdad que sí?”.

Jorge salió corriendo y sin mediar palabra dio la mano a su madre.

A veces, con la intención de solucionar un enfrentamiento o conflicto a corto plazo, sin darnos cuenta, contribuimos con nuestras acciones a que nuestros pequeños aprendan conductas de evitación al miedo, lo que no será bueno para ellos ni a corto ni a largo plazo.

Hay miedos comunes en casi todos los niños, propios de sus etapas evolutivas. Por ejemplo, a los seis meses los niños empiezan a tener miedo a los extraños, hacia los dos años surge un cierto “miedo al abandono” cuando sus padres no están. Entorno hacia los cuatro años puede aparecer el miedo a la oscuridad, a los monstruos, truenos… Al llegar a los cinco o seis años mantienen el miedo a separarse de sus padres, algunos pueden mostrar miedo a los animales, personas malvadas (ladrones, secuestradores, brujas fantasmas) y les empieza a preocupar la enfermedad y la muerte. De nueve a doce años disminuye su miedo a la oscuridad y a los seres imaginarios, pero ahora son más sensibles al colegio (exámenes, suspensos) la aceptación social (integración en el grupo, aspecto físico) a la soledad, a la enfermedad y a la muerte.

Todos estos miedos se van superando sin darnos cuenta, según los niños van pasando de una etapa evolutiva a otra. Solo debemos preocuparnos si estos miedos permanecen en el tiempo o provocan un estado de ansiedad permanente. Como padres podremos ayudar a nuestros hijos a que estos temores pasen sin más.

Cosas que pueden ayudar:

  • Lo primero y fundamental, hablar del miedo con naturalidad.
  • Explicar a nuestros niños que todos tenemos miedo, que es difícil luchar contra él, pero que es necesario.
  • Trasmitirles seguridad y confianza con un tono suave y relajado.
  • Animarles y ayudarles a exponerles a esos miedos de forma gradual y premiarles cuando así lo hagan.
  • Contarles historias de niños que afrontan con éxito el miedo.
  • Enseñarles a que se repitan frases de ánimo.
  • Enseñarles a respirar profundamente para calmarse y a relajarse muscularmente.
  • Concederles algún poder sobre la situación (encender una pequeña luz, tener una mascota…).

 

Y sobre todo, y muy importante, no recurrir al miedo para protegerlo de situaciones peligrosas (animales, tráfico, enchufes…) o para controlar su conducta. A la larga esto no conduce a nada bueno.

Soy Montse Cestelo, coach profesional, y puedo ayudarte con este tema de los miedos y otros muchos. ¿Conectamos?

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